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TURISMO SOCIAL UNA ESTRATEGIA DE URGENCIA PARA LA RECUPERACION DEL SECTOR

Reiterar o insistir en las graves consecuencias económicas y sociales que han afectado y seguirán afectando al sector durante el año 2021 y, probablemente el 2022, sería redundante; e, incluso, podría caer en un ejercicio sadomasoquista, es un hecho: enorme pérdida de fuentes de trabajo, la baja o nulos ingresos de divisas, la imposibilidad de la redistribución de la riqueza interna, el estancamiento de las economías locales.

Las cifras están en cualquier portal de turismo o en toda justificación de despidos que ha esgrimido el empresariado del sector. Empresariado que, al menos en los primeros meses, no ha sabido responder ni ha tenido la creatividad ni expertiz suficientes.

El gobierno ha propuesto un plan de reactivación que incluye algunas sugerencias interesantes y una clara apuesta por el turismo interno.
Entre las propuestas llamativas e interesantes, y que podríamos catalogar como pro activa, está la preocupación por la estructura sanitaria al servicio de las experiencias de viaje que, evidentemente, se instalará en la mente del consumidor de experiencias turísticas.

Respecto de apuntar al segmento de desplazamiento interno, parece de toda lógica: es improbable que el viajero decida hacer desplazamientos de corta, mediana ni menos larga distancia luego de los efectos de salud y, sobretodo, de salud emocional que dejará esta pandemia.

“Nos Volveremos a Encontrar” y “Saborea Chile”; son ideas que apuntan a la reactivación de la planta turística local; no cabe duda que – de resultar- fortalecerán las economías locales, favorecerán el trabajo y re vitalizarán a estas comunidades que han sido violentamente sacudidas por la crisis económica y social derivada de lo sanitario.

Los beneficios para los gobiernos nacionales y comunales que ha generado el turismo son innegables y han sido largamente descritos por los expertos y estudiosos de todos los destinos del mundo. En Chile motivó, incluso, la creación de una subsecretaría para el sector potenciando la antigua y, a veces, restringida labor de SERNATUR.

Los beneficios para los empresarios (de cualquier tamaño) han sido tan evidentes e innegables que se expresan en un sostenido crecimiento de la industria la cual, se ha visto favorecida por una explosión exponencial desde el advenimiento del presente siglo; han surgido nuevos productos y se ha desarrollado una oferta innovadora que apunta a productos que han roto la tendencia tradicional y conservadora del siglo anterior.

Esta reflexión aspira a instalarse en la interrogante que nos surge a los académicos, empresarios, trabajadores y residentes de zonas altamente turísticas respecto de cuál será la reacción de la demanda. ¿Se instalará también en el turismo, la facilista y reactiva frase, una nueva normalidad?

La institucionalidad y la oferta tienen muy claro los efectos devastadores de la crisis y lo difícil que será la reactivación. Pero, ¿y la demanda?

En términos generales, los beneficios que percibe la demanda luego del ejercicio de la experiencia turística tienen carácter tanto simbólico como funcional. Ambos han sido duramente atacados por el COVID 19; al punto de instalar una incertidumbre absoluta respecto de la nueva forma de hacer turismo que podría instalarse como una tendencia de consumo. Sobre esta premisa, me atrevo a pensar en una re educación para el turismo.

Cuando en 1948 se firmó la declaración Universal de Derechos Humanos y ésta dedicó un artículo completo a la urgencia que debía darse al goce del tiempo libre (toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas); no se requirió de una exogesis legal más profunda para deducir que era un llamado a la obligación que tienen los Estados respecto del bienestar sicosocial de la población.

El disfrute del tiempo libre que permite las vacaciones pagadas y del cual, el turismo se ha hecho responsable y satisfactoriamente cargo; requerirá, en este nuevo contexto, del apoyo y la re educación venida desde la institucionalidad, que no de manera exclusiva debe centrarse en los gobiernos. La empresa privada y los sectores académicos también debemos jugar un rol relevante.

La re educación (que la ramplonería comunicativa insiste en llamar nueva normalidad) abre un importante espacio de oportunidad a políticas de turismo social con mayor inclusividad y más amplias coberturas. El Estado de Chile ha liderado, en las dos últimas décadas, con la creación y puesta en funcionamiento de muy buenos programas, a saber: Turismo para la Tercera Edad, Giras de Estudios y Turismo Familiar.

Para la re educación del goce del tiempo libre que promueve y facilita el turismo, será necesaria una política que vaya más allá de los programas orientados a los sectores con más dificultades económicas y sociales. Evidentemente, se deberá reforzar y ahondar en ese segmente. Pero, deberá incorporarse a otros que – históricamente- han aportado con sus propios recursos para el desarrollo de la actividad: clase media, sectores profesionales, jóvenes estudiantes, sectores emergentes.

Programas inclusivos y de amplia cobertura social serán una urgencia para re educar, re encantar, disipar temores y efectos psicosociales que dejará el COVID 19.

Jorge López; técnico en turismo, profesor de estado, magister en educación.

Docente Instituto de Artes Culinarias y Servicios Culinary

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